Koalas y Seres Humanos

Koalas y Seres Humanos

Koalas y Seres Humanos

Si los koalas vivieran en otras partes del mundo, probablemente serían tan admirados como lo han sido mientras viven salvajes únicamente en Australia. Por lo general, los koalas despiertan gran interés por su particular forma de reproducción y desarrollo, y por qué no, por su aspecto muchas veces descrito como “adorable” o “lindo”.

No obstante, existen tantas opiniones sobre ellos que resulta inapropiado generalizar. Hay quienes creen que son “aburridos” porque pasan más tiempo dormidos que despiertos, o incluso perezosos por su estilo de vida bastante sedentario. Las perspectivas han variado a lo largo de los años. Al conocerlos, los colonos europeos los compararon con los auténticos perezosos (Folivora) debido a sus hábitos, pero en siglos posteriores se dieron cuenta de sus características y los incluyeron en el grupo de los marsupiales.

Debido al aislamiento geográfico de Australia, la mayoría de los marsupiales fueron desconocidos por el resto del mundo hasta que los europeos llegaron.

Los seres humanos ya conocían a los koalas desde hace miles de años, pero solo los aborígenes. Debido al aislamiento geográfico de Australia, los koalas, los canguros y la mayoría de los marsupiales fueron desconocidos hasta que los europeos llegaron. Sin embargo, ya los nativos habían imbuido a los koalas en su cultura y tenían varias historias en las que aparecían, a veces como seres sabios, otras como parte de su génesis en Australia.

La relación entre los humanos y los koalas se vio ampliada debido al contacto de ellos con un mayor número de personas, las cuales se introdujeron a numerosos territorios. Los años de la colonización estuvieron caracterizados por múltiples cambios en la sociedad e incluso el medio ambiente de la región.

Los aborígenes habían practicado la caza de los koalas para usar la piel y consumir la carne, actividad que parece haber contribuido (mas no determinado) a la extinción de algunas poblaciones. Pues bien, la caza continuó pero a un ritmo aún más rápido y con un alcance más amplio. Hasta la década de 1930, millones de individuos habían sido ultimados para obtener su piel, que era objeto de comercio para confeccionar alfombras, abrigos y otras prendas. Tan solo en un período de 6 meses en 1919, alrededor de 1 millón de estos marsupiales fueron cazados.

La situación se tornó insostenible y despertó una reacción negativa hacia la caza, lo que propició la realización de protestas públicas y el nacimiento de acciones para proteger a la especie. A mediados del siglo XX ya existía mayor conocimiento sobre los koalas, ya tenían un nombre científico y se había identificado sus principales características físicas y hábitos. Ya se sabía que no eran osos con los que alguna vez fueron comparados, pero incluso ahora no es raro escuchar a algunas personas llamar “oso koala” a Phascolarctos cinereus.

A partir de la disminución de poblaciones de koalas en partes del país, muchas personas han creado e implementado medidas de protección y conservación que mitigan el impacto de las acciones humanas sobre su hábitat. Para quienes viven en otras partes del mundo, quizá hayan conocido un ejemplar en algún zoológico o parque natural, pues a pesar de que su mantenimiento en cautiverio exige la plantación de árboles de eucalipto antes de que ellos lleguen y la comprensión exacta de sus requerimientos nutricionales, reproductivos, etcétera, suelen criarse con éxito fuera de Australia.

Se ha estimado que un 80% del hábitat del koala ha sido destruido por diversas razones.

Pese a lo anterior, los koalas no son muy comunes en los zoológicos. Curiosamente, en su zona de distribución muchos individuos se introducen en los suburbios u otros sitios habitados, y muchos logran llegar hasta las casas de las personas. Se cree que este comportamiento es derivado de la destrucción de hábitat y la incidencia de sequías. Hasta años recientes, se ha estimado que un 80 por ciento del hábitat del koala ha sido destruido debido a las sequías, los incendios y el desarrollo urbano.

Acostumbradas a verlos casi inmóviles en los árboles, las personas pueden pensar que son más mansos que su propio perro. Pero esto no es del todo cierto, ya que, como cualquier otro animal salvaje, son capaces de atacar si se les molesta. Han ocurrido algunos casos de ataques a humanos, pero definitivamente no son animales que se considere agresivos o peor aún, un peligro para los humanos. Un dato interesante es que tienen huellas dactilares semejantes a las de las personas, y son únicas en cada individuo.